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Tendiendo la mano: entrevista a Ana Elvira Pascual

Cuando en un país extranjero un grupo de expatriados del mismo origen forman comunidad, alguna persona de entre ellos termina siendo la mano extendida a quien la necesite. Para la comunidad dominicana en Bélgica, Ana Elvira Pascual es esa persona. Su espíritu altruista nace de su propia experiencia de precariedades: empezó a trabajar a los ocho años fregando en casas de familia a cambio de que le compraran los útiles escolares. Pero, siendo muy joven, una persona le ayudó a vencer las adversidades apoyándola en su formación profesional, como secretaria primero, luego como enfermera, y posteriormente como enfermera instrumentista de cirugía y enfermera técnica de quirófano.

Vivir en carne propia tanta escasez despertó en ella el ferviente deseo de ayudar a su entorno. Cuando aún vivía en la República Dominicana, colaboró estrechamente con movimientos sociales, clubes culturales y diversas asociaciones de servicio a los más necesitados.

Como la gran mayoría de los migrantes, Ana Elvira salió de la República Dominicana en busca de mejores oportunidades para ella y su familia. Hace casi tres décadas llegó a Bélgica, donde ha continuado su labor comunitaria, apoyando a los inmigrantes latinos con diversos servicios. Además, desde el año 2000, ha establecido un puente entre Bélgica y la República Dominicana a través de la asociación que preside, AYACAM (Ayúdanos a Caminar), en Sabana Grande de Boyá.

Esta es su historia, según sus propias palabras.

¿Por qué decide instalarse en Bélgica?
En 1989, salí desde la República Dominicana hacia España. Había dejado atrás a mi primogénita y al resto de mi familia y, como la mayoría de las personas que salen de su país a trabajar, sentía un compromiso muy fuerte con enviarles dinero para que pudieran solventar sus necesidades más apremiantes.

Por un juego del destino, la primera vez que salí a cenar a un restaurante, conocí a quien se convertiría en mi esposo. Aunque es español y vivía en Bélgica, dio la casualidad de que en ese momento se encontraba de vacaciones en Galicia. Durante los siete años que tuvimos de matrimonio, formamos una hermosa familia que incluyó a la niña que había quedado en la República Dominicana y que pudo finalmente reunirse con nosotros.

Como mi esposo trabajaba aquí en Bélgica, me establecí en este país desde entonces.

¿Qué trabajo realiza en la República Dominicana a través de la Fundación AYACAM?
Como lo indica su nombre, la Fundación Ayúdanos a Caminar (AYACAM) no se limita a entregar ayudas, hemos querido preparar a las personas para que puedan crear su propia fuente de ingresos. Iniciamos proporcionando a cuatro jóvenes del pueblo los medios para realizar un curso de bisutería en Santo Domingo, con el compromiso de que a su vez ellas se convirtieran en multiplicadoras dentro de la comunidad. Con esta primera acción, impactamos a un total de 1 500 personas y surgieron varias microempresas.

Igualmente, construimos la primera etapa del centro comunal AYACAM en donde se imparten cursos de bisutería y refuerzo educativo para los niños, se realizan operativos médicos, se distribuyen las donaciones recaudadas en Bélgica con el apoyo y solidaridad de decenas de voluntarios de varias nacionalidades; entre otras actividades.

La idea es poder ampliarlo para incluir una tienda con los accesorios creados en los cursos, un centro de odontología, un consultorio médico, una farmacia, salones de clases y un salón de conferencias.

Nuestra ayuda se extiende más allá de Sabana Grande de Boyá. Los últimos contenedores que recibimos con útiles y mobiliarios escolares fueron distribuidos también en Constanza, Jarabacoa, Pedernales, Hato Mayor, Guerra, Puerto Plata, Sosúa, La Vega… Tenemos convenios con un sinnúmero de asociaciones e instituciones en la República Dominicana para asegurar la ejecución de los proyectos y una mejor distribución de las ayudas.

No hay mayor satisfacción que recibir fotos de los niños usando estos materiales para tomar clases. Hacen que la ardua labor que realizamos a través de la fundación valga la pena.

¿Cuál es su relación con la comunidad dominicana en Bélgica?
Desde mi llegada a Bélgica, siempre realicé trabajo social. En 1989, formé parte de Dominicana Benelux, la primera asociación de dominicanos que hubo aquí en Bélgica. Fue una linda labor, pero la organización dejó de funcionar.

Sin embargo, seguimos trabajando estrechamente con la comunidad dominicana: obtención de empleo, ayuda para encontrar alojamiento temporal, asesoramiento para regularizar su estatus legal, soporte para realizar trámites, ya sea como intérpretes o con asistencia legal, ayuda en casos de violencia de género… Intervenimos a favor de ciudadanos dominicanos que requieran cualquier tipo de apoyo que estemos en capacidad de brindarles.

En otro aspecto, también fomentamos el desarrollo deportivo de nuestra comunidad. Por ejemplo, conseguimos que el primer equipo de baloncesto conformado por dominicanos recibiera fondos para establecerse como club deportivo y que el Ministerio de Deportes belga les patrocinara el uniforme.

En la parte cultural, organizamos o participamos en cualquier evento donde podamos resaltar la cultura dominicana a través de la gastronomía, la música, el baile; y apoyamos diversos artistas dominicanos radicados en el país.

Igualmente, estoy designada como encargada de la Unidad de Educación y Salud de la División de Asuntos Comunitarios del Instituto del Dominicano en el Exterior (INDEX), capítulo Madrid-Bélgica. Este organismo se encarga de desarrollar programas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los dominicanos y dominicanas residentes en el exterior y procurar su integración en el desarrollo económico, político, social y cultural al país, y a sus comunidades de origen. Bélgica forma parte de los territorios que cubre el INDEX Madrid, al igual que los Países Bajos, Valencia y Barcelona.

¿Qué aspectos positivos resaltaría de la integración de los dominicanos en la sociedad belga?
La comunidad dominicana en Bélgica está muy bien integrada. Estudian, trabajan, están enfocados en superarse y salir hacia adelante, pagan sus impuestos. Hay varios equipos deportivos y grupos culturales.

No tenemos los problemas de bandas que se ven, por ejemplo, en otros países. No hay noticias negativas en los medios de comunicación relacionadas con nuestra comunidad. Evidentemente que el tamaño de la comunidad influye en este tipo de cosas, pero, por suerte, aquí no lo vemos.

¿Qué podría aportar la comunidad dominicana a Bélgica?
Yo me presenté como diputada en las pasadas elecciones belgas por el partido Centro Demócrata Humanista (CDH) en Bruselas y, aunque logré reunir 500 votos en un corto tiempo, lo cual es un número considerable en Bélgica, me di cuenta de que somos una comunidad virgen en el campo político, y podemos aportar mucho más a la vida política belga.

Entiendo que, a pesar de que nuestra prioridad es el trabajo y la familia, si los dominicanos participáramos de manera activa en la política, llegaríamos a tener una representación de la comunidad latina entre las autoridades.