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Bélgica a través de sus ojos

Reconocida periodista dominicana con más de 20 años de carrera en los medios impresos más importantes de la República Dominicana, María Isabel Soldevila inició junto a su familia, hace casi tres años, un nuevo capítulo de su vida que escribe con la misma pasión y determinación con las que ha emprendido todos sus proyectos.

Su profesión hace que María Isabel pose una mirada distinta sobre lo que ocurre a su alrededor. Quizás por eso, el nombre de su blog, “Con mis ojos”, anticipa su particular visión del mundo. Observadora y curiosa, no puede dejar de apreciar los contrastes entre su país y la ciudad que la ha acogido.

Con ella hablamos sobre cómo ve su vida ahora que está radicada en Bruselas.

¿Cómo llegas a Bélgica?
Venir a Bélgica fue devolverle a mi esposo lo que ya él había hecho por mí cuando dejó Europa para ir a vivir a la República Dominicana. Él estuvo viviendo unos diez años en Santo Domingo, pero un día llegó el momento de hacer el viaje de vuelta a sus raíces. Decidimos también que esto representaba una oportunidad interesante para mí y que podría ser bueno para nuestros hijos tener esta experiencia.
Lo admito, no fue fácil. Yo tenía un entorno y un trabajo como periodista que disfrutaba mucho. Pero luego de reflexionar detenidamente, vinimos a la aventura hace ya dos años y medio y ha resultado ser mucho mejor de lo que esperaba.

¿Cómo has vivido tu proceso de integración?
Bélgica es un país muy especial. La misma complejidad política, la diversidad que tiene, ha hecho que mi experiencia sea completamente distinta a la que he tenido en otros países. Bruselas es una metrópoli de un tamaño manejable que combina las ventajas de una gran ciudad con la posibilidad de tener una vida familiar tranquila y harmoniosa.

Me sentí aceptada desde el principio porque solo era una más de las tantas personas que venían de otro lugar. La gente en Bélgica es más tolerante, está acostumbrada, sobre todo en el entorno universitario donde trabajo, a que nada sea totalmente perfecto y a la diversidad. Los belgas tienen una gran capacidad de burlarse de ellos mismos, de reírse de sus complejidades, de sus errores. Esta actitud ha hecho que mi proceso de integración haya sido mucho más llevadero.

Quiero conocer a la gente del país donde vivo: lo que comen, lo que les preocupa, cómo entienden la belleza, el arte, la música… Por supuesto, uno siempre extraña algunas cosas específicas, sobre todo a la familia, pero eso no significa que no pueda ser feliz en otros contextos. Mi país siempre será mi país, mi dominicanidad me acompaña adondequiera.

Venir de un país como el nuestro nos da un contexto para apreciar lo que tenemos en Bélgica. Uno puede apreciar las ventajas que tiene vivir en un país más desarrollado, tenemos una capacidad de tolerancia diferente y nos damos cuenta de que en otros lugares también existen dificultades que superar.

¿Qué tipo de contacto académico o profesional mantienes con la República Dominicana?
Todavía son limitados. Cuando nos reubicamos en Bélgica, tomamos la decisión de vivir aquí, no de venir por unos pocos años. Para mí esto implica que los primeros años, debía dedicarlos a integrarme y a desarrollar una carrera.

Escribir para la República Dominicana, siendo periodista del área política y social, supone estar muy pendiente de todo lo que acontece en el país para entender cómo las noticias aquí impactan el contexto dominicano.

Sin embargo, empieza a surgir la necesidad de volver a escribir en español y de hacer intercambios con la República Dominicana. Pienso que esto es algo que va a comenzar a ocurrir de manera natural en los próximos meses, aunque aún no hay nada concreto.

¿Sientes que hay un aporte de la comunidad dominicana a Bélgica?
En comparación con Nueva York y París, he conocido a pocos dominicanos. Hay muchos latinoamericanos en Bruselas, pero dominicanos, no tantos. Los he encontrado, sobre todo en el ámbito académico y cultural; algunos compañeritos de clases de mis hijos son de ascendencia dominicana…

Entre esto y la rutina que me arropa, no he tenido la oportunidad de compartir mucho con nuestra comunidad.

¿Cómo ha influido en tu identidad dominicana tu exposición a otras culturas?
Siento que el haber viajado me ha dado la oportunidad de abrir la mente, de ver que existen otras formas de pensar, de relacionarse, de romper algunos estereotipos que allá tenemos muy arraigados.

La gente en la República Dominicana me veía con ideas un poco diferentes, que creo que vienen, en primer lugar, de mi familia y en segundo lugar, de la posibilidad de haber visto otros países, otras culturas y otros sistemas, ¡y qué bueno!

Creo que estar en contacto con mucha gente diferente, que piensa distinto, que cree distinto, no hace más que aportar a tu vida y a tu concepción del mundo. Para mí, viajar ha sido maravilloso y, tanto mi esposo, que viene de varias culturas, como yo, queremos que nuestros hijos también integren esto a sus vidas.